domingo, 20 de noviembre de 2005

La boda de nuestros sueños... ¿es muy cara?



Por si alguien no tiene claro si casarse o no, y de hacerlo, si por la Iglesia o por lo civil, si quieren una boda íntima o prefieren invitar a toda la familia, amigos, vecinos y conocidos, viene bien saber lo que todo eso les puede costar, no ya en estrés, nervios, discusiones y cabreos, con los suegros o los padres de uno e incluso con la propia pareja, sino también lo que vale en dinero contante y sonante. ¿Por cuánto nos puede salir la bromita?.

Pues bien, consultadas diversas fuentes, en cuanto a si la forma elegida es el matrimonio por la Iglesia, las cifras son que el 75% de los contrayentes prefieren hacerlo de este modo. En realidad, lo que es en sí el Sacramento del matrimonio, si se realiza en la propia parroquia, el oficio es gratuito, claro que luego están los adornos florales, música, etc… que corren a cargo de los novios. Si eligen otra parroquia el coste puede ser alrededor de unos 100-150 euros. Es decir, lo que es casarse, como mucho, puede ascender a esa cantidad. Entonces ¿cuáles son las causas de que se disparen los precios de una boda hasta cantidades entre los 15.000-20.000 euros, si hablamos de una boda media? Pues todo lo que viene antes, durante y después de la boda.

Trajes de los novios, banquete de celebración, viaje de luna de miel, fotos, vídeo, y un largo etcétera que encarecen considerablemente el sencillo y simple hecho de unirse dos personas en matrimonio. Los gastos no disminuyen por el hecho de casarse por lo civil, ya que todo lo anteriormente dicho también lo hacen las parejas que eligen esta opción.

En resumen, si se admiten sugerencias, yo propondría una ceremonia sencilla en cualquier ermita de las miles que existen dispersas por nuestros pueblos; como estación, la primavera, con lo cual los adornos florales los pone la madre naturaleza, jaras, amapolas, margaritas silvestres, y, aprovechando el entorno, organizar un picnic familiar donde los manteles de cuadros cubran largas mesas montadas sobre caballetes, con la comida tradicional de la tierra o unas tortillas y chuletas, que saben tan ricas en el campo. La música puede proporcionárnosla cualquier amigo virtuoso del acordeón, o, de cualquier otro instrumento, que seguro que todos conocemos a alguno.

La luna de miel a elección de los novios, claro, pero antes tendrían que plantearse si conocen realmente los exquisitos rincones que guarda nuestra geografía como para irse fuera de aquí a conocer otros rincones lejanos. Y ¿qué hay de visitar a los parientes que viven lejos de nosotros, ahorrándonos con ello el alojamiento y la manutención? Que para viajar luego hay tiempo, sobre todo, cuando la magia del principio se va perdiendo y es necesaria recuperarla. Que el amor es bonito, sí, pero va perdiendo el brillo con los años. Además, el coste tan elevado que tienen esas bodas multitudinarias, muchas veces, son la excusa de muchos para no dar ese paso antes de los 30-35 años y no creo que esto ayude mucho al crecimiento demográfico. Al fin y al cabo, muchos de esos matrimonios engrosarán, lamentablemente, la lista de separaciones y divorcios, con su consiguiente gasto, así que, esto es un ir y venir de dineral cuya principal causa es el amor y el desamor. Algo que, aunque no tenga precio, si tiene, por desgracia, un coste.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

toda la razón del mundo, majeta.

la marga,desde el curro dijo...

yo, como nací con el arroz "pasao", pues eso que me ahorro. Je je.. Besos,guapa. Nos vemos el viernes con los amigos invisibles.