martes, 1 de agosto de 2006

Viaje a Santander


Tan sólo unos días en Santander, invitadas por María y Gustavo, junto a las amigas, me han servido de balón de oxígeno para dejar atrás el stress de todo un año de esfuerzo y estudio. El paisaje agreste en algunos casos de las playas, salvaje en su apariencia con rocas, con el rugir del mar estrellándose en ellas y la presencia de las ruidosas gaviotas, avecinándose un día la tormenta, que luego fue impresionante en sus manifestaciones, me ha hecho por un tiempo creerme en otro planeta.

Lástima que la contínua llovizna nos dejara sin los baños apetecidos en sus aguas, pero no así sin sus pueblos, tales como Santillana del Mar, precioso, o Comillas con esa joya Gaudiana del Capricho.

Lo mejor de todo, nuestras veladas en el cenador del jardín donde entre copas y algún cigarro que otro, nacieron confidencias, risas y conversaciones que nos proporcionaron unos días de unión y maravillosa calma entre amigos. Santander, antes desconocido por mí, formará parte de esas postales imaginarias que se guardan en el rincón del recuerdo.

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