miércoles, 2 de julio de 2008

EL ANDÉN DE LA VIDA


Volver a la normalidad después de la euforia colectiva se hace difícil, aunque siempre hay quien se toma las cosas mucho más serenamente que otros, y para ellos es inexplicable e incluso demencial que la gente se vuelque, nos volquemos, con algo como el fútbol, que se eche a la calle una marea de gente gritando, o que se le dé una importancia excesiva y lecturas de todo tipo a algo que es nada más que deporte. Tiene que haber de todo, son respetables todas las actitudes ante este fenómeno que, lo queramos o no, existe.

Hoy quiero traer aqui una reflexión que he encontrado navegando por la red, me ha gustado y quiero compartirla con vosotros, creo que alguna vez me la habían mandado también por correo, así que es posible que la conozcáis, no sé el autor, siento no poder poner el nombre.

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el anden central y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.

La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. "-No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. ¡Gracias! - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida... La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: "¡Que insolente, que mal educado, que será de nuestro mundo!". Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Dice un viejo proverbio... Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente, pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera.

3 comentarios:

MUY SEÑORES MIOS dijo...

Muy bien, pues tras la alteración que hemos sufrido estos últimos dias, es momento de serenarnos y volver a las cosas positivas que nos ofrece la vida y que, a veces, ni nos enteramos de que las tenemos.

¿Es eso lo que quieres decir en tu entrada, no?

Pedro dijo...

La alteración de los últimos días,ha sido una catarsis para liberarnos de los problemas que nos afectan a todos y vemos de difícil solución.
Es hora de centrarnos en esos problemas, ser conscientes de ellos y no caer en la trampa del "Pan y Toros" que tanto criticaron algunos en la dictadura y ahora emplean sin ningún rubor nuestros actuales gobernantes.

Terly dijo...

Yo estoy convencido de que no es el fútbol el que nos ha echado a media España a la calle. El fútbol ha sido el que ha abierto la puerta de unos sentimientos enjaulados. Esos sentimientos que no siempre se pueden expresar en público y mucho menos en regiones como Cataluña o Vascongadas. Ese sentimiento de unidos por una bandera, por un himno, por una patria. Ese sentimiento que en Italia, Francia, EE.UU. lo expresan de manera espontánea a cada momento y gran número de veces con lágrimas en los ojos. Ese sentimiento en contra de un terrorismo demoledor. Ese sentimiento en defensa de tus principios religiosos, en resumen, ese sentimiento de amor a España. NO. No creo que sea el fútbol, ha sido una puerta que se ha abierto a la esperanza.
Un beso, Shikilla.