lunes, 20 de octubre de 2008

COMIDA DE DESPEDIDA


En el trabajo pasamos muchas horas, algunas veces estamos incluso más tiempo con los compañeros de trabajo que con nuestra propia familia, por eso es tan importante tener un ambiente en el que nos sintamos a gusto, en el que no existan los malos rollos que tan nefastos son para la buena marcha de nuestro quehacer diario y, ni que decir tiene, para nuestro propio equilibrio personal.

Por todo ello, cuando encuentras gente con la que es un placer trabajar y compartir esas horas al día en las que el lugar de trabajo se convierte casi en una segunda casa, surge un afecto especial que, a la hora de la despedida, hace que algo se rompa por dentro.

El día 15 se fueron de nuestra Oficina cinco compañeros interinos que han estado compartiendo con nosotros durante seis meses su trabajo, preocupaciones, proyectos, alegrías y su colaboración y apoyo inestimable para sacar adelante el volumen de trabajo que tenemos.


Para que no nos quedara un mal sabor de boca por su marcha, decidimos celebrar todos juntos una comida de despedida en la que se puso de manifiesto una vez más que las penas con pan son menos penas y en esta ocasión hubo, además de pan, paella y cocido extremeño para poder elegir, regados con buen vino de la tierra; no faltaron las palabras, emocionadas unas y animosas otras, de los que se van y de los que se quedan.

Pero, lo más importante, es que se ha creado un vínculo de unión al que se apuntarán también, sin lugar a dudas, los nuevos compañeros que han venido a engrosar esta “familia” que, además de la propia de cada uno, forma parte importante de nuestras vidas.

Mi recuerdo cariñoso para Rosa, mi compañera de despacho, que tantas veces ha sido testigo de mis soliloquios y yo de los suyos, cuando, en los días en los que nos faltaban horas y nos sobraba trabajo, repasábamos en voz alta detalles y puntos de conflicto que surgían, por parecernos que de ese modo eran más fáciles de resolver. Gracias por hacerme partícipe de tus confidencias y escuchar las mías.

Recordaré a Fernando y su saludo matutino, siempre amable, optimista, halagador y cariñoso. Me ganó desde el principio con esa manera de ser y, debo decirlo, también por ser del Atleti, como yo.

A Raquel que se acordó de mi en su viaje a París y me trajo un trocito de esa ciudad que tengo en mis sueños, envuelto en tonos sepias, del color que debe ser el recuerdo.

A Felipe del que envidio y creo que todos envidiamos la capacidad para hacerse con las mejores tapas, comérselas en tiempo record y conservarse hecho un figurín sin un ápice de grasa….¿Cómo lo hace?.
A Isabel, que aunque se fue antes, quiso estar en la comida compartiendo con nosotros un adiós que quiere ser un hasta siempre.

Sé que vais a leer esta entrada y quiero desearos mucha suerte en todo aquello que emprendáis, aunque también sé que vais a volver algún viernes para tomar la cañita con estos compañeros que dejáis y con los nuevos que han venido.

Paradójicamente, en el lugar de Rosa, la que se ha ido, ha venido otra Rosa nueva que conmigo (también Rosa), convertimos ese despacho en un jardín en medio de tanto expediente.

16 comentarios:

Pantagruel dijo...

Shikilla, porqué se van unos interinos y vienen otros? ¿Se quieren ir? Hay tantos expedientes de náufragos...

Terly dijo...

El problema que te proporciona el afecto y la compañía de las personas queridas (también pueden ser compañeros de trabajo ¿por qué no?) es que cuando se ve uno forzado a la separación, te ocasiona dolor. Espero que si son tan buenos compañeros podáis seguir tomando juntos de vez en cuando una cañita en "La Marina" ¿Por que no?
Un abrazo.

Shikilla dijo...

Pantagruel, se van por la incoherencia de las normas y las leyes que no permiten prorrogar los seis meses a los interinos. Así se da el hecho de que unos salen para que entren otros, cuando unos han aprendido resulta que tienes que ir enseñando a otros...yo no lo entiendo, pero es así.

No sé si preguntas o afirmas lo de los náufragos, pero si es pregunta te digo que de esos no hay, que yo sepa, ninguno. De los otros, muchísimos.

Shikilla dijo...

Sí, Terly, el hecho de vivir es siempre una sucesión de despedidas y bienvenidas, conocer y alejarse de gente...pero es lo que tiene la vida. Muchos, se quedan siempre, aunque estén lejos.

Pantagruel dijo...

Lo de los expedientes del náufragos ha sido una libre asociación de ideas entre los expedientes de los que hablas en tu post y "El expediente del náufrago", novela de Luís Mateo Díez que me gustó, pero que ya ni recuerdo de qué trata.

Jesús Arroyo dijo...

Hola:
Me haces recordar, siempre me haces "un ayer". Cuando los buenos compis se marchan, por la razón que sea, nos hacen subir otro escaloncito de nostalgia.
Besos y más besos.

Aguijón dijo...

Me alegro de ver que vuelves a escribir...
Disfruta de esos amigos...que con la familia son lo que quedan cuando hay momentos difíciles...

saludos,

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

¡Hasta aquí hemos llegado Shikilla!, ¡pero qué sacrilegio de paella es éste! ¡¡¿Tú veraneas en la Comunidad Valenciana?!!!: ¡¡¡ UNA PAELLA CON PIMIENTOS!!!

Los valencianos de toda la vida (puntualizo porque los de ahora creo que andan algo o mucho más catalanizados) no nos peleamos, ni rasgamos las vestiduras, ni por la lengua, ni por un quítame-aquí-esas-pajas... pero por una paella, por LA PAELLA: por esa rajamos al más pintado: ¡Habrase visto semejante paella!!!

Como arroz seco con mariscos y pimientos, vale, hasta puede que estuviese bueno y todo: Pero, ¡ojito!, llamarle a eso paella: ¡Eso son otros lópeces!

Que con salud os la zampaseis y bien os sentase.

;-)

LUIS AMÉZAGA dijo...

Ya veo que se lo montan como una despedida de soltera. Esperemos que siga habiendo bodas en esta precrisis. La crisis, según algunos no ha llegado.

Shikilla dijo...

Pantagruel, que ignorancia la mía, confieso que no he leído la novela y andaba perdida con tu comentario, ahora ya sé por dónde ibas :)

Shikilla dijo...

Jesús, eso de "hacer ayeres", me encanta. Ahora me voy a entrenar en "hacer mañanas" que imagino será hacer de adivina a la manera de Rappel. Lo de recordar es bueno, si sólo se recuerda lo bueno, porque lo malo si breve...es menos malo (rehago el refrán para la ocasión).

Shikilla dijo...

Aguijón, lo de no escribir ha sido por un viaje de fin de semana con un motivo especial, ya lo contaré en una próxima entrada.

Ahora, tengo la línea de orange que me va lentísima, así que no sé si duraré mucho o poco...¡qui lo sa!

Shikilla dijo...

Juan, muy señor mío:

Lamento decir que dentro de mi ignorancia supina gastronómica, pensaba que a la paella se le ponían pimientos morrones, jolines si hasta hay una canción sobre eso, una de campamento que decía algo asi:

Hoy hay paella
¡qué delicioso manjar!
tiene de todo
sólo le falta el caviar.
Tiene PIMIENTOS ¡¡¡MORRONES!!!
Y también tiene una gamba
para toda la Unidad...


¿La conocías? pues eso, que gracias por ilustrarme, porque siempre estuve en el error de que llevaba pimiento morrón.

Aún así, se llamara como se llamara, estaba muy rica, sacrilegios aparte.

Espero que siga nuestra amistad a pesar de estos "lópeces" :)

Shikilla dijo...

Luis, las despedidas de soltera de ahora son mucho más "tuneadas", a saber: objetos fálicos en la cabeza de las "celebrantas" y boys con tabletas de chocolate en lugar de estómago, en fín, una horterada, la verdad.

Nuestra celebración fué mucho más "fisna", casi diría que "divina".

contrahecho dijo...

Pues yo tengo que decir que no me valen las medias tintas, pase lo de los pimientos morrones en la paella, pero coño, debieras haber puesto unas cigalas un poco más lucidas, que esas parecen tísicas.
Un saludo de un cotilla.

Pedro dijo...

Entiendo perfectamente la hermandad que puede surgir en un centro de trabajo. Imagínate lo que puede llegar a ser en una tripulación que se pasan días y a veces meses, fuera de casa compartiendo la vida cotidiana.
Un besote.