jueves, 4 de junio de 2009

EN OTRAS COSAS


Con la que está cayendo y con unas Elecciones a tres días vista, aún no me explico cómo puedo estar en “otras cosas”, pero confieso que cada vez más las campañas políticas me parecen unos calcos unas de otras; cada candidato, en el momento de enfrentarse al oponente, no lleva otras cosas en su cartera que no sean trapos sucios, mala baba, y una intención aviesa de reptar serpenteando para eludir hablar de los temas candentes, de lo que importa y queremos saber los ciudadanos.

Por eso, harta de oír loas al “trabajo bien hecho, olvidando las meteduras de pata” o “críticas a todo lo hecho y a lo no hecho” que todos conocemos, he decidido pensar en mis vacaciones, no soy la única, eso ya lo sé, todos queremos acercar ese lugar donde nos relajamos y olvidamos los problemas, el móvil, etc... acercarlo hasta el mismo asiento de al lado de nuestra oficina, e instalarlo allí mismo, todo un palmeral rodeándonos, o la playa, o una cima de una montaña, o el pueblo de los abuelos, en resumen, todo lo que nos evoque momentos felizmente vacíos, en blanco, todo lo más dejar sitio en la cabeza a la historia de la novela que tenemos previsto leer en vacaciones.

Como no es suficiente con pensar en ello, he decidido también ir a comprar el atrezzo, es decir, un bikini nuevo, zapatillas, protector solar. Todo bien hasta ahí, parece fácil ¿verdad?, pues no lo es en absoluto, porque desde mi última dieta (la que hice durante dos semanas, más o menos, y luego dejé pero aprovechando que había adelgazado 4 kilos me tiré al barro comiendo mal, a deshora y de todo lo que no había podido comer mientras hacía el régimen.) aunque suene raro, habían cambiado el tallaje de todas las prendas de mi tienda favorita. ¿Complot? Vaya usted a saber, el caso es que por primera vez, confieso, yo deseé ser Barbie, esa muñeca que tiene menos carne que un litro de vino, la misma que, paradójicamente a mi me cae gordísima, y ¿por qué quería yo ser Barbie? más que nada por llevarme la prenda que me gustaba a mi y no la que el vendedor se empeñaba en venderme y que le gustaría a él, o a lo mejor, con buen criterio, pensaba que era la que me estaría bien de talla.

Ahora he cambiado de opinión, ya no quiero ser la Barbie delgadita, ¡tan mona...que era! Porque la imagen de la muñeca ha sufrido los cambios propios de cualquiera que tenga más o menos su edad, con lo mal que me caía, reconozco que se ha humanizado, solidarizándose con las mujeres y sus problemas cara al verano. Ahora, así, con su nueva imagen, me gusta más, porque veo que es una imagen cercana, que casi puedo tocar con la palma de la mano, por otro lado, fácil de imitar y seguir, pero no creo que lo haga, me sigue cayendo gorda, ahora con más razón.

¿Cómo se llamará? ¿Barbie Gorda? ¿Fat woman Barbie? ¿Barbie Greasy?

5 comentarios:

Jesús Arroyo dijo...

Hola Shikilla:
No quiero llamarte mentirosa, no, no, no. Pero eso que relatas no es cierto. Tú, yo y la vecina del quinto, no tomamos grasa michelinosa, no, no, no. Hace poco me pasó algo similar, no fuí a comprarme un bikini (de momento) fuí a por un traje (boda familiar) y ¡coñe! todos los fabricantes habían cambiado las XXXXL por la M y la M o la L por la MINIMINI-M... ¡qué hijitos de su madre!
Un besito XXXXL.

José Manuel dijo...

Bikini?
y con ese cuerpo!!!
Votaciones!!!!!
Tendrías que titular el post: "ERECCIONES EUROPEAS"
Besitos....

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Las mujeres soléis olvidar que también tenéis interior.

Besos.

Anuskirrum dijo...

La verdad es que cualquier actividad que te aleje un poco de esta maraña política europea que nos estamos zampando te vendrá bien. Nada mejor que dedicar un ratito a preparar esos momentos de descanso en que podemos recargar pilas para la lucha. Las pequeñas cosas son importantes, y el "atrezzo" como tu dices, es un buen motivo para dispersarte un poco.

Un abrazo fuerte guapa¡

Blogger dijo...

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