viernes, 5 de marzo de 2010

LA MIRADA DE DIOS


Quiero hablaros de El, de cómo le conocí, de cómo entró en mi vida y sigue en ella, de cuánto le amo y de cómo, a pesar de todo, no supe encontrarle al principio, no supe verle estando junto a mi, pero sí que sentía y sigo sintiendo un gran vacío cuando me alejo de su lado.

Supe que me amaba porque cuando estoy lejos me envía mensajes con el viento, me deja señales en las hojas de los árboles, en las olas del mar, hasta los pájaros me hablan de él cuando entonan sus dulces melodías; se asoma en la mirada de los otros para que yo, al mirarles, le vea. Me llama con distintas voces, a gritos o susurrándome, para que yo responda; me espera en la calle y yo, tonta de mi, muchas veces me he cruzado con El y no le he visto. A pesar de los innumerables “post-it” que coloca en todo lo que me rodea.

Me ha extendido sus manos en cada mano abierta que he encontrado, incluso en aquellas replegadas, recogidas en dolor, en rabia, en impotencia, estaba su mano escondida para que yo la encontrara, y no la encontré.

Sin embargo, cuántas veces también, sabiendo donde estaba, evitaba pasar por allí para no verle. Taponaba mis oídos con lisonjas, promesas, mentiras, dádivas a mi vanidad; para no oír su voz. Tapaba mis ojos con velos de colores brillantes, frágiles como alas de mariposas que, al final, siempre dejaban entrever la luz que Él desprendía y, entonces, cerraba fuertemente mis párpados porque creía que así se marcharía, que me dejaría en paz, que se daría cuenta de lo mucho que me cuesta seguirle, de lo difícil que es desprenderme de todas mis imperfecciones, de lo fácil que es abandonarse y dejar que te lleve la corriente, basta con dejar que la flojedad te invada, de la cabeza a los pies, no oponer resistencia. ¡Y Él me pedía nadar contra corriente!.

No hubo manera, me enamoré perdidamente de Él un día en el que se agotaron los abrazos en mi mundo. Me enamoré de Él y entonces pude descubrir su sonrisa que abarcaba mi vida de lado a lado, llenándolo todo de esperanza y alegría. Me enamoré de Él en el momento que volví la cabeza y allí estaba con sus brazos abiertos llamándome por mi nombre.

Al igual que Lope de Vega me pregunto cada día a mi misma ¿Qué tengo yo que mi amistad procura?, y no sé responderme. Así que aquí estoy queriéndole y dejándome querer. He aprendido que Dios llama a cada uno por su nombre, nos conoce y con cada uno de nosotros ha tenido un encuentro. Nuestra acogida depende de lo frágiles que sean las alas de mariposa que tapen nuestros ojos para poder ver la mirada de Dios.

11 comentarios:

Angelo dijo...

Que hermosura nos has dejado hoy. menudo testimonio. Me ha encantado. Me recuerda la experiencia de San Agustín, casi has hablado como él cuando se encontró con Dios tras su alejada vida de EL. Cada experiencia con el Creador es distinta , pero el fruto es el mismo. Una vez se conoce, ya no se puede dejar. Te agradezco mucho que hayas abierto de esta forma tu corazón. Un beso

Shikilla dijo...

Angelo, amigo, en realidad Dios ha estado presente siempre en mi vida, cuando nací ya nací en un hogar cristiano, aunque la rebeldía propia de la juventud y la lógica búsqueda personal me llevó a una crisis que me sirvió para encontrame de verdad con Él, cara a cara, esa experiencia de Dios, cambió mi vida.

Anónimo dijo...

Yo, no soy creyente; al igual que tú crees en Dios, yo creo en otras cosas, que me valen para funcionar y vivir, igual que a tí te pasa con Dios

En cualquiera de los casos, lo que si hago siempre es respetar.

Besos

Shikilla dijo...

Anónimo, me alegro que esas otras cosas te sirvan para funcionar y vivir, cada uno tiene sus propias experiencias.

Me gusta creer que también yo soy tolerante y respeto las creencias de los demás, espero que siempre lo haga así.

Gracias por comentar, aunque no sepa a quien dirigirme :) Saludos.

Antonio Javier Fuentes Soria dijo...

Tienes una suerte enorme, no todos tenemos la certeza de conocerlo. Yo te envidio. Lo que sí es cierto es que algo de ayuda divina debe haber en tu buen hacer, en este saber desmenuzar las cosas de la vida como nadie. Un abrazo.

Shikilla dijo...

Antonio Javier, más que conocerlo le he ido reconociendo a lo largo de mi vida, suerte es sin duda saber que Él está ahí recogiendo todo, tu alegría, tu pena, tus dudas, saber que esta vida no es todo, aún siendo mucho, hace que la esperanza tenga sentido.

Probablemente tenga ayuda divina en algunas cosas, no te lo voy a negar, el Espíritu Santo, como le pintan con alas, planeará digo yo por encima de todos nosotros, incluído tú, que escribes unos versos "divinos".

Un beso

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Qué suerte tienes, Shikilla, no sabes cómo me alegro de tu felicidad, aunque sea una felicidad que sé, no alcanzaré.

Besos, muchos besos.

Shikilla dijo...

Juan, gracias por pensar que tengo suerte pero ¿desde cuando eres adivino?, estás tú muy seguro de las cosas, eso sí que es suerte ¿no?.

Muchos besos para tí también.

eligelavida dijo...

¡Qué testimonio tan bonito! Me encanta cuando cuentas con tanta sinceridad que en ocasiones, sabiendo donde estaba el Señor, evitabas pasar por allí para no verle. Algo con lo que yo creo que nos identificamos todos. Gracias por aportar tu experiencia personal. Un abrazo!

Anuskirrum dijo...

Un canto a la vida, un brindis de fe, y el testimonio vivo de tu experiencia humana y espiritual.
No concibo la idea de un mundo sin El, desde el principio confío e intento seguir sus huellas, a pesar de haber cruzado algunos desiertos donde parecía no haber llegado su luz, pero sí, como siempre, al final, me había faltado la atención suficiente.
He leído y releído tu texto y tiene la belleza del descubrimiento, del nacimiento, de la entrega a este divino regalo del que debemos ser dignos, que es vivir.

Gracias Shikilla por estos momentos.

Terly dijo...

Qué bonito, Shikilla, cuanto nos cuentas en este post y qué bien contado.
Y yo pregunto ¿Quién no tiene baches, dudas, incertidumbres, alejamientos y de pronto se da cuenta de que está vacío y vuelve a llenarse de Él? Cada una de las veces que de Él te llenas es porque te llama cuando más lejos estás, con fuerza pronuncia nuestro nombre y sin darte cuenta regresas nuevamente al redil.
Me ha gustado mucho tu exposición.
Un beso.