martes, 28 de enero de 2014

PARÍS

 
 
 
  París siempre es una buena opción, para soñar, para amar, para bailar por sus calles, bajo las mil lunas impresionistas que los pintores plasmaron en mil telas diferentes; ...para escuchar las canciones que hablan de amor y evocar a Edith Piaff que, como una pincelada oscura que partía el escenario en dos, recogiéndose sobre sí misma, con su voz desgarradora, proclamaba, sin embargo, que veía “la vie en rose”, paradoja existencial en negro. O escuchar a Jacques Brel en un ruego desesperado, de quien se siente abandonado por la que ama y le pide
Déjame volverme
La sombra de tu sombra
La sombra de tu mano
La sombra de tu perro
No me dejes, (Ne me quittes pas)
no me dejes,
no me dejes,
no me dejes

El mismo que poco antes, en una estrofa anterior, promete a cambio de que ella no le deje:

No voy a hablar
Yo me ocultaré
Para mirarte
bailar y sonreír
Y escucharte
cantar y después reír

!Qué amor más grande puede sentir alguien para eclipsarse voluntariamente! ¡Para querer ser tan sólo la sombra de su perro!.
Amor y Luz en París.

Contemplar la Torre Eiffel y sentir que te ha esperado desde siempre, inamovible, para cumplir tu sueño.
...Y volver con un dibujo que recuerda a tu cara, pero que no se le parece mucho, en carboncillo o pastel, del Montmartre bohemio donde pululan los artistas cobijados por el ciel bleu y la Basílica del Sacré Cœur.
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