domingo, 23 de febrero de 2014

DOLOR AJENO


Creo que lo que más nos duele en el mundo es el sufrimiento y el dolor de aquellos que amamos, ya sean nuestros padres, hijos, parejas, familia o amigos....si yo preguntara si os duele, hunde, desanima o causa desazón el sufrimiento de cualquiera de ellos, estoy segura que serían mayoría los que me contestaríais afirmativamente. Si, duele, duele mucho y nos afecta cuando quien queremos sufre por cualquier causa y, muchas veces, lamentablemente, es poco lo que podemos hacer, o eso creemos. Por poco que sea, por minúscula que sea la ayuda que podemos ofrecer, tenemos que encontrarla. Por ellos y por nosotros mismos.

Somos distintos y cada uno de nosotros reaccionamos de manera diferente: comprender, consolar, compartir... cada uno hemos de encontrar el verbo que queremos conjugar para que los que nos rodean y amamos, encuentren ayuda para llevar esa carga, aligerarla ha de ser nuestro objetivo. Tengo claro que cualquiera de las cosas que elijamos será buena. Todas menos una: huir, escondernos en el llanto o en la resignación a secas, infructuosa y vacía.

¡Nos necesitan! Y tenemos que estar ahí para que nos encuentren. Hemos de ser fuertes para transmitirles fortaleza, hemos de ser optimistas para darles optimismo, hemos de mantener la esperanza para que llegue a ellos.

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