domingo, 16 de marzo de 2014

SAKURA (桜 o さくら?) Flor del cerezo



Recordó un día, al despuntar la mañana, a principios de marzo, aún en el lecho en que soñaba, que nada más abrir los ojos a la rendija de luz de la ventana, la palabra de él fue la caricia primera que despertó la sonrisa dormida de sus labios, huérfanos de besos, desde el día maldito de su marcha. Susurraba, al oído, que la amaba.

Sin espabilarse del todo, como sonámbula, marioneta de la fe descontrolada y tan solo con su yakata encima, salió al encuentro de su amado, corriendo con los pies descalzos sin importarle la humedad de la tierra, mientras gritaba su nombre al viento...¡sí! ¡milagro! ¡era él! ¡lo había escuchado!

Después de dar muchas vueltas, no supo a ciencia cierta cuantas, se detuvo frente al cerezo en flor que saludaba la puerta de su casa, y allí, de bruces cayó, comprendió que era mentira, que ni su voz, ni su mirada, ni sus besos, serían nunca las primeras caricias...ni las últimas. Porque la muerte, como al cerezo, le robó muy pronto y para siempre sus palabras.

Y deseó que llegara la primavera. Que Abril alfombrara de pétalos de sakura la fría y húmeda tierra, y renaciera la vida, y la esperanza....y ella misma.

Recordaba aquél día, mientras esperaba que llegara otro abril a la puerta de su casa, sin dejar de escuchar aquella voz, ahora convertida en eco en el fondo de su alma.

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