lunes, 25 de agosto de 2014

MURIÓ MARZO



Era el epicentro de su vida, amanecía cuando ella abría los ojos y llegaba la noche oscura y se iba el sol cuando ella los cerraba. Era su tierra y el agua que bebía, era el sol que calentaba el invierno y doraba la piel en el verano, ella era el mar y el aire que respiraba.

 Cualquiera que tuviera ojos podría ver en ella la Madre con mayúsculas. la entrega y la vocación de hogar en cada cosa que hacía. Ella cuidaba de su familia como quien cuida el vellocino de oro, apartada de amenazas reales, ficticias, inventadas, explicadas, etc...Su cuerpo era nido que acogía la vida, sosteniendo la esperanza del vuelo.

Y luego era el refugio donde acudía su alma cansada, el volcán donde verter pasiones, la dulzura del beso enamorado y el descarnado baile de los sentidos. Deshojaban juntos calendarios, hasta llegar al tiempo de la siembra, y luego, con el cántico de los atardeceres, recogían cosechas generosas, de sonrisas, de caricias, de palabras que calmaban soledades.

Ella era el paso tranquilo, la voz queda, la mirada lejana al horizonte y el verso perdido de un poema. Era la única razón por la que el mes de noviembre perdía sus tonos grises y se pintaba de violeta, su color favorito, porque ella nació en noviembre...aunque murió en el mes en el que nacen los jacintos y, desde entonces, él  arrancaba de cuajo todos los marzos de los calendarios.

Marzo murió con ella, se fue enredado en su pelo color de avellana...Y llegará Abril más tarde que ninguno.

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