martes, 30 de septiembre de 2014

ABUELOS



Cuando les miro a los ojos, veo reflejada en ellos la niña que fui, porque en su corazón no pasa el tiempo, aunque parezca un suspiro cuando se habla del ayer. Su instinto protector se desprende como un halo que nos envuelve a los hijos, revistiéndonos entonces de ellos mismos, y nos hace recordar todo aquello que hicieron por nosotros, cuando la vida era solo la sonrisa y el olor de nuestra madre, y ese dedo de papá al que nos aferrábamos con fuerza, mientras nos levantaba a pulso. Hoy nuestros brazos son su apoyo, nuestra esperanza la suya, nuestras palabras su alegría. Y asi es como debe ser, porque hubo un día en el que ellos nos llevaron de su mano a las puertas de la vida.

1 comentario:

Juanjo Castillo dijo...

Preciosas palabras.
Yo cuando miro a mis padres pienso lo mismo y les veo exactamente igual que cuando era un crío.
Pero más bonitas que tus palabras son esos ojos y ese corazón que pones en todos tus posts.
Un abrazo.