jueves, 12 de marzo de 2015

GUADIANA



Me asomo al Guadiana por los ojos de sus puentes. En la memoria, aún, el sol derramándose en la Alcazaba. Los bancos de sus orillas guardan ecos de palabras de amor, y ese sonido sordo, inconfundible, de labios que se juntan para regalarse besos.


Creí oír sus pasos acercándose, recortada su figura a contraluz, mientras el sol era hoguera que quemaba la distancia, sonaban lentos sus andares de paseo, a media tarde, saboreando el tiempo y el paisaje.


Creí que extendía sus manos hacia las mías, y adiviné una sonrisa en su cara...¡qué corazón el mío tan loco y tan extraño!, escapándose del pecho para correr a su encuentro, ¿o quizás vive en él y viene a mi para indicarme el camino?.

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