miércoles, 16 de marzo de 2005

La sonrisa de mi hijo



Cuando viene del colegio, parece que hubiera librado la batalla diaría en la guerra de "Crecer en sabiduría y....vitalidad". Como heridas simbólicas de su heroico esfuerzo, una rodillera rota, el cordón de un zapato desabrochado y los puños de la camisa blanca tan negros, que se hace difícil saber si tenían el mismo tono que el resto de la misma.

Tiene una pasión desbordante por el futbol, y cree a pies juntillas que será un galáctico de lujo, entre los galácticos... que, dicho sea de paso, cuando él tenga la edad de serlo, ésos a los que admira tanto, estarán retirados en sus casas, leyendo el marca o tal vez aprendiendo a bailar la samba en una academia para miembros relevantes de la tercera edad.

Pero cada día que viene con su mochila a cuestas, con sus sueños, y contando el gol maravilloso que ha metido de tacón... cada día que me muestra su sonrisa, tiznada de sudor y polvo del balón, fruto de limpiarse una y otra vez con las manos sucias.

Cada día, esa sonrisa me parece nueva, estrenada, deslumbrante, milagrosa..... porque recuerdo cuando nació y era tan sólo un ovillo envuelto en faldones blancos, y sus manitas agarraban mi dedo aferrándose a la vida y respondiendo con sólo ese gesto a todas mis oraciones rogando a Dios que naciera sano, fuerte, el día que supe que estaba esperando un hijo.

La sonrisa de mi hijo es la respuesta de por qué cada día que despierto tengo motivos para levantarme y luchar.

Gracias, Fonchi.
Mamá

4 comentarios:

Jasua dijo...

No me puedo creer que una entrada tan preciosa no pueda tener comentarios. He de confesar que me has emocionado hasta las lágrimas, Shiki. Se lo que sientes y a lo que te refieres cuando hablas de tu hijo.

Yo siento lo mismo...

Desde hoy este post formará parte de mis favoritos. Porque nunca me había sentido tan identificado cuando alguien habla de su hijo.

Merce dijo...

No había visto este artículo hasta ahora....precioso....no hay mejor forma de describir, lo que se siente cada momento cuando te abrazan, te besan, o simplemente los ves dormidos plácidamente soñando con monstruos, super-héroes o astros del fútbol.

Si no te importa te enlazo.

Un beso

maitetxu dijo...

Hola, yo tampoco había leído esta entrada hasta hoy, los hijos, son un regalo de Dios, son lo único que, en momentos duros, te hacen seguir para adelante. Los hijos. Gracias, Shiki.

Monica Alvarez dijo...

Hola:
No sabes la nostalgia que me da ver que mi hija tiene 27 años y ya es independiente.Añoro aquellos momentos en que tenia la edad de tu Fonchi.Cuando la iba a buscar a su clase y me recibia con una maravillosa sonrisa.No es que ahora no me sonria,pero es diferente.Echo de menos esa cosa juguetona,lúdica y hasta picarona que tenia.
Un abrazo