martes, 14 de julio de 2009

ESE FRÁGIL Y QUEBRADIZO OBJETO


La vida es algo muy delicado o muy fuerte según sean las pruebas con las que se encuentre en su camino, según los obstáculos que tenga que librar, incluido el azar, según el día, la hora, el momento, según las manos en las que esté, el acierto de una decisión o la rapidez de reacción de una o de más personas.

Cuando el milagro sucede y, frente a lo imposible, esa vida se salva, parece que todos y cada uno de nosotros nos sentimos parte de algo maravilloso, nos sentimos partícipes y casi autores de ese milagro. La sensación de que algo tan grande como una vida sale adelante por los conocimientos, la sabiduría humana, el progreso de la ciencia y la medicina, reviste con un aura de invencibilidad al hombre, que hace que no podamos pensar entonces que algo pueda escapársele de las manos, esas manos que, siendo humanas, las hacemos poseedoras del poder de los dioses.

O también todo eso puede pasar inadvertido, escondido en la cotidianeidad, entre las cosas de todos los días, sin que le demos ninguna importancia o sin que nos parezca nada especial. Respirar, vivir, entonces, se convierte simple y llanamente en un ejercicio diario.

Pero la vida también es un frágil y quebradizo objeto que, a veces, solamente se mantiene y se sujeta a la tierra con un hilo, con el hálito invisible del deseo o la tozudez de un espíritu indómito que se bate dentro de un cuerpo limitado; Corre al ritmo del miedo y del grito o se mece en el sueño huérfano del calor materno. O nada de lo anterior, o todo lo que imaginemos.

Y, aquello que comienza y subsiste por miles de razones o por una sola y poderosa razón, puede perderse por una carambola absurda, por una red de tubos y vías o porque correr delante de la muerte no es suficiente para escapar de ella.

La muerte camina siempre de la mano de la vida, lo sabemos, pero siempre nos sorprende cuando sale de sus sombras. Aunque tenga sus caminos dibujados, nosotros nunca los vemos, ni siquiera imaginamos dónde estará su norte mañana. Hay gritos que son astas en el cuello y estrangulan la vida y gritos silenciosos e impotentes, de soledad infinita.

Unos, corren llenos de vida hacia el toro negro de la muerte que les embiste en tremenda y mortal cogida, y otros, cerrados aún los ojos a la luz sin estrenar, se convierten en objeto de un terrorífico error. Vida que se escapa por las rendijas abiertas de lo absurdo.

4 comentarios:

Terly dijo...

La muerte, querida Shikilla, aunque siempre la llevamos cogida de la mano, nunca no acostumbramos a su cercanía, pero la absurda, es la más triste de las muertes. ¿Qué se puede hacer contra el destino de cada uno? No queda más que la resignación.
Un beso.

Zinquirilla dijo...

Shikilla, no hay de qué, en los últimos meses necesitabas las palabras de los blogueros, a cambio nos ofreces tu estupenda sonrisa en forma de textos.

No sé si no te presentas por falta de tiempo o porque este año no te apuntas al circo. Y no pensaba presentarme pero como me toca currar en verano, al menos me distraigo.

Un abrazo.

Anuskirrum dijo...

Shikilla no se me ocurren palabras para describir la belleza de este texto.
Hablas de delicadeza, fragilidad, de los designios de la vida, que somete a las personas a pruebas tan duras como esta.
Y de los milagros, de la maravilla de sentirnos vivos y del valor del día que nace nuevo, o de esos ojos como dices: "cerrados aún a la luz, sin estrenar".

Qué triste suceso, que no ha permitido a ese pequeño continuar el camino que tanto le costó comenzar.

Shikilla, es un auténtico lujo leerte.

Un abrazo

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

No todo es blanco o negro: en estos momentos me siento más triste, al haber identificado los hechos en que te basas, y más alegre porque los sentimientos que me suscitas, me acercan más al ser humano.

Gracias por tu elegante serenidad.